Maria de Padilla

miércoles, 9 de abril de 2008

 

El “abuelo Pepe”, predispuesto siempre a contarnos historias de la familia, entre recuerdos y fotos en blanco y negro, sacó a relucir el tema de los orígenes de la familia y entre otros nombres, apareció el de ella, Maria de Padilla, antepasada por lo cual, de Javi. Ello hizo que comenzara a interesarme por la vida de esta mujer, ya no sólo por ser ancestra de la familia de la que pronto formaré parte, sino porque siempre ha sido de mi inquietud las biografías.
Era precisamente por mayo cuando Pedro I, apodado el Cruel, conoció y quedó enamorado de una mujer, María de Padilla, que sería sin ella quererlo la causa de los principales acontecimientos históricos de su época. Las crónicas de entonces la describen como una mujer de talla pequeña, bonita, viva y llena de esa gracia propia de las mujeres meridionales. Poco se sabe de María de Padilla. Es una historia esta en la que una vez más queda de manifiesto la debilidad de las mujeres frente a los deseos y caprichos de los hombres, capaces de hacer y deshacer a su antojo no sólo en las cuestiones políticas sino también en las sentimentales.
María de Padilla fue su nombre y se sabe que fue de elevada cuna y que probablemente naciera en Astudillo, pueblo cercano a Palencia, aunque otras fuentes sitúan su nacimiento en Sevilla (según el abuelo, en Toledo). Se empieza a tener noticias de ella cuando conoce al rey Pedro I y comienzan una relación sentimental que se prolongaría en el tiempo a pesar de las sucesivas bodas del rey. Poco después de que Don Pedro trabara una relación con la que a todas luces habría de convertirse en el amor de su vida, por cuestiones dinásticas es obligado a casarse con Doña Blanca de Borbón, sobrina del rey de Francia, a la que ya había desposado por poderes. Don Pedro, dos días después de la ceremonia, se marcha al encuentro de su amada María que en aquel momento estaba embarazada de seis meses de la primera hija de ambos. Grande fue el escándalo en la corte que se quedó con Blanca, compuesta y sin novio, y sin su rey.Mientras, Pedro I no sólo seguía teniendo hijos con su famosa amante –cuatro fueron los niños nacidos de la relación- sino que tuvo la osadía de tratarla como si fuera su legítima esposa, y por lo tanto reina de Castilla, otorgando cargos importantes a la familia Padilla.
Inútiles fueron los ruegos de la familia real, las amenazas que llegaban de Francia por el abandono de Blanca de Borbón y la excomunión del papa, inútiles porque Pedro I el Cruel, iracundo y facineroso y al tiempo joven amante apasionado, insistió en sus locos y caprichosos deseos mientras se hacía famoso por arrancar las narices de los hombres de un pueblo entero como castigo ejemplar y al tiempo por arrastrar a María de Padilla en su vida nómada y belicosa por las tierras de Castilla.María de Padilla nunca dejó de amarle aunque intentó calmar los desmanes de un hombre que parecía querer sembrar la ruina a su paso. Incluso cuando la abandonó durante un breve tiempo para casarse con Doña Juana de Castro, una fugaz amante por la que conseguiría la nulidad de su matrimonio con Blanca de Borbón, María de Padilla fundó un convento y se encerró en él dispuesta a esperarle lo que hiciera falta.
En menos de un año Don Pedro estaba otra vez en sus brazos, después de haberse deshecho de Juana de Castro y de haber encerrado en algún castillo a Doña Blanca de Borbón para envenenarla y olvidarse para siempre de su engorrosa presencia. Don Pedro y María de Padilla tuvieron otro hijo, por fin un varón, cuando a esta se le empezó a agravar una dolencia antigua, posiblemente una tuberculosis. Habían transcurrido nueve años de amor, interrumpidos por una vida errática y llena de conmociones, cuando María de Padilla dejó este mundo y el rey la lloró como a su único amor. Inmediatamente le organizó uno funerales de estado después de jurar, con el apoyo de unos testigos amañados, que en realidad era su verdadera esposa puesto que se había casado con ella en secreto cuando la conoció. Mentiras que se tomaron como ciertas puesto que nadie osaba contradecir a un tirano al que le llamaban el Cruel.
Así fue como la amante se convirtió en esposa, y consecuentemente en reina por el empeño de un hombre que sólo supo ser justo en amor. María de Padilla ha sido la única reina de nuestra historia que lo fue sólo a título póstumo, por eso sus restos reposan a lado de Pedro I en la capilla de los reyes de la Iglesia de Santa maría de Sevilla.
Bibliografía: "Mujeres de la historia" (César Vidal y Federico Jiménez Losantos)

4 comentarios:

Jaav dijo...

¡Ea! Ni que decir tiene que me he quedado impresionado. El otro día, cuando estábamos con el abuelo Pepe, descubrimos parte de esta historia que ahora has completado mediante esa investigación bibliográfica que has realizado.

Contento me tienes ;) Te quiero mucho, ¡guapa!

Akinol dijo...

See Please Here

Anónimo dijo...

Weee mi rahina maria pahdilla

Anónimo dijo...

Me atrae mucho la historia y me enkanta saber de ti tus gustos , perfil, etc me gusta tener fe en ti